27 septiembre 2009

Vidas de otros

Tenía un auténtico despliegue en el tren, se había cogido tres asientos para ella sola mientras se atusaba y maquillaba. Lo molesto de esta señora, es que mientras se maquillaba se comía un chicle con el que hacía ruiditos al mismo tiempo que nos enseñaba toda la campanilla. No contenta con darnos un concierto, cuando terminó de empolvarse la nariz, pasó a inspeccionarla, retirando de ella con el dedito el oro y el moro.
Luego llamó por teléfono y dado que habló para todos nos enteramos que además de cochinota es mentirosa. Llamó a alguien para decir que llegaba tarde a trabajar porque se le había roto el coche. El caso es que no cuadra bien la historia ¿se le ha roto el coche y va empolvándose la nariz en el tren? .

Lo más normal es arreglarse y luego salir a coger el coche, y si no funciona coger el tren. Pero llegar al tren con el pelo chorreando y el set de maquillaje tercia más a un me quedé sopa que a un se me cascó el coche. ¿Por qué mentir?

Cada uno puede hacer lo que quiera en el tren, si la señora quiere montar un espectáculo para entretenernos a todos es su problema, pero yo también puedo contarlo y opinar al respecto. De hecho me resultó más molesto verla mentir que verle la campanilla y la excavación nasal juntas.

26 julio 2009

Magia en especias

Mi amiga Ana se tiró toda la mañana vacilando acerca de lo mucho que podíamos ligar por la noche. Ninguna le hacíamos caso a lo que decía, tan sólo nos reíamos.

A Ana no le gustaba mucho hablar para el aire, así que se sentó en la silla, se puso seria, nos miró y nos dijo: "a ver chicas, os veo despistadas, os voy a tener que dar una clase. Mi amiga Marta ligaba lo normal....entonces Susi le dijo que corría el rumor que si salía bien untadita de canela arrasaría sin piedad. Por supuesto mi amiga Marta, que es incrédula "como vosotras" se rió y se compró la canela para demostrarle a Susi que no tenía ni idea. Se echó la canela, salió por la noche.... y....ocurrió lo que no se esperaba. Arrasó."

Ana consiguió que le prestáramos atención. Que digo atención, nos quedamos con la hazaña de su amiga Marta.

Habíamos quedado a las ocho en el bar de siempre, lo cual nos venía muy bien, pues justo de camino había un supermercado, en dónde por supuesto nos compramos un bote de canela en polvo.

Salimos de arrase por los pub, untándonos como idiotas de canela en el baño. Éramos un pestaco a canela con patas. Ana nos miraba esperando que le dijéramos que nos habíamos vaciado el bote encima, pero no se lo dijimos a pesar de las claras evidencias. Llegó un punto de la noche en que la vergüenza se apoderó de nosotras al escuchar un susurro que decía: ¿huele a canela ?.

A veces hacemos cosas que rozan el absurdo pero creo que está fue la más grande de todas las que recuerdo haber hecho. Por suerte para mí ya puedo contarlo como anécdota acaecida hace años.

Hoy, navegando por la red me encontré una página sobre tipos de magia y demás menesteres que ofrecía recetas de hechizos y encantamientos parececidos al efecto canela para los mismos propósitos. Me pregunto cuantos pardillos habrán picado con la tontería. Ir apestando a canela es ir apestando a canela. Sólo tendréis éxito si el sujeto/a en cuestión está hambriento y además gusta de especias.

14 julio 2009

Vida en un pistacho

Me bajé del tren con antojo de pistachos, así que cambié mi dirección hacia casa por la del supermercado más cercano. Entre con la boca echa agua sólo de pensarlo y me dirigí a la sección frutos secos estantería "sin marca más baratos".

Mi mirada casi se vuelve loca al comprobar que había todo tipo de frutos secos menos pistachos. Maldecí a la persona que se llevó la última bolsa con toda mi rabia y me dirigí a la estantería "con marca más caros".

Allí había varias marcas de pistachos, cogí la bolsa más grande, que aún así era más pequeña que la que habitualmente me llevaba.

Me fui del supermercado preguntándome como se podían haber acabado pues siempre hay un montón de bolsas . ¿Se habrá puesto de moda comer pistachos? o es que sabían que yo estaba de antojo en ese preciso momento.

Mi tragedia no terminó ahí. Al llegar a casa, abrí mi bolsita de pistachos (pensado en lo cara que me había salido) y me puse a degustarlos. Como no soy consciente de lo mucho que me gustan comí hasta tener cáscaras por todos lados, lo cual me hizo levantarme para hacer un poco de espacio. Lo hice como no con un pistacho en la mano, lo abrí, lo jalé y cuando iba a tirar la cáscara descubrí un gusano verde en ella.

Al principio el bicho en cuestión parecía pequeño, pero al dejarlo sobre la mesa vi como empezaba a estirarse, y aquello que parecía un ente minúsculo al final era un centímetro de vida. Entonces empecé a pensar. Si este gusano estaba ahí y lo vi de casualidad, cuando no miró y me meto el pistacho hasta sacarle la envoltura ¿cuántos gusanos me habré comido de aperitivo?.

Llegado este punto, supongo que algunos estaréis al borde del asco y otros habréis dejado de leer. No sé ni quiero saber si me comí alguno, y aunque lo lógico sería ir al supermercado y pegarle con la bolsa en las narices a los proveedores de pistachos como soy yo me los seguí comiendo - por eso de lo que no mata, engorda - eso sí, con sumo cuidado e inspeccionando cada uno de los pistachos por si iban aliñados.

No vi ninguno más, cierto es que no me termine la bolsa al tener que perder tanto tiempo mirándolos. Prefiero pensar que sólo había ese gusano. Y me consuelo con saber que hay países que los comen fritos, aunque no sean verdes y vivan en los pistachos.

10 julio 2009

Esperando en el andén

Sentada en un banco del andén leyendo un libro se me acerco un caballero a preguntarme si allí era dónde debía esperar el tren para llegar a su destino. Le dije que sí, y se sentó a mi lado y resopló de indignación. Le sonreí, y me empezó a contar su particular odisea.

Mire joven -me decía el caballero mientras me miraba indignado- vivo en Madrid, he salido de mi casa hace una hora y media, con tiempo suficiente para llegar a mi destino holgado y poder tomarme un café en un bar cómodamente, y aún estoy aquí. Casi me vuelvo loco en Nuevos Ministerios para encontrar el andén de la línea que tenía que coger. Y cuando por fin lo encontré me tiré más de veinte minutos esperando el tren. Al fin, llegó, me subí a él y para mi sorpresa y cuando ya llevaba un buen recorrido me dí cuenta que ese tren no hacía parada en mi destino. Pregunté a una señorita sentada a mi lado, que amablemente me explicó que tendría que haber cogido otro tren en el mismo andén en el que estaba pero con otra dirección. ¿Usted se cree? ¡Y dónde viene explicado que pasan dos trenes con diferentes destino por la misma vía! Por suerte me pude bajar aquí, la última parada que me permite todavía coger el otro tren, sino hubiera tenido que regresar a esta parada y por tanto hubiera llegado tarde a mi cita....

Es normal -le dije yo- no es el primero que se equivoca. La línea tiene el mismo nombre para ambos trenes. Yo estoy acostumbrada, pero la gente que lo coge por primera vez es fácil que termine en el lugar equivocado.

No me diga usted eso joven -seguía indignado el caballero - pues he viajado mucho por todo el mundo por trabajo sin tener problemas y vengo a perderme a Madrid, ciudad en la que nací y vivo desde hace años. ¡Ni siquiera el caos del aeropuerto de Bagdad me volvió tan loco como hoy el tren!.

¡Mire! ya viene el tren -dije al caballero con cierta emoción -.

Pues menos mal, llegaré justo a tiempo pero sin descanso. Vamos entonces, sino le importa me siento a su lado.....

Y me siguió contado su vida, su indignación por lo que le acaba de ocurrir y me dio las gracias cuando me bajé del tren, no sé si por explicarle dónde debía coger el suyo o por charlar un rato.

07 julio 2009

Insomnio y bañera: complices!

Ayer fue uno de esos días extraños en los que del cansancio llegué y tomé siesta. Mi desdicha llegó en la noche, en la cual por haber dormido por la tarde no era capaz de conciliar sueño alguno. No negaré haber tomado toda lo que quedó de tarde té, lo cual contribuyó a mi deslumbre.

En mi desvele fueron los nuevos vecinos los que captaron mi atención mientras reposaba tumbada en mi camita. Vocearon como viejorras en el patio cual corrillo, lo cual llamó mi atención haciéndome ejercer de cotilla del pueblo. Por supuesto, una mirada fulminante del vecino, me hizo esconderme tras la cortina. Pero en la ida a esconderme, pude percibir una enorme luna llena en el cielo.

En mi aburrimiento, cogí la cámara de fotos y en cuanto se recogieron los vecinos me saqué por la ventana a "afotar", con tan mala suerte que cogía los laterales de los edificios, y entre eso y que el alcance del flash es irrisorio, la foto era un botón sobre fondo negro con laterales marrones y verdes. Vi la iluminación al pensar que desde la cocina podría hacer mejor foto y corrí. Abrí la ventana y mi gozo en un pozo al ver que desde allí no veía la luna.

Volvía a mi habitación con gran pena cuando la puerta del baño me hizo sonreír. La pequeña ventana que daba a la bañera tenía vistas perfectas a la luna. Encendí mi cámara e intenté hacer la foto pero no era capaz de ponerme cómoda, la bañera me molestaba, así que opte por meterme en ella sin tener en cuenta mi pasado oscuro con la misma.

En cuanto puse el segundo piecito en la bañera e intenté al mismo tiempo enfocar me resbalé y casi me accidento perjucialmente. Por suerte, me pude apoyar a tiempo sin sufrir daño alguno mi cámara. Yo supongo que encontraré alguna que otra decoloración en la piel del muslo.

23 junio 2009

Patio de juegos

Solíamos quedar en la entrada un grupo reducido de amiguetes para hacer novillos, especialmente cuando no apetecía ir a clases de religión (asignatura obligatoria en tiempos antiguos). Casi siempre, acostumbrábamos a bajar a la sala de juegos. A Sam y a mi nos gustaba mucho el billar, aunque no teníamos ni pajolera idea de jugar bien. Un día, uno de los chicos que acostumbraba partirse de risa al vernos jugar se acerco a nosotras, y decidió darnos una clase magistral de manejo de taco. Nos hicimos amiguitos, y llegamos a organizar competiciones ridículas en las que Sam y yo contra él siempre perdíamos. Fueron dos años estupendos, cuando hacía buen tiempo nos tirábamos en el parque a cantar o a escuchar música hasta que refrescaba, luego, nos íbamos a la sala. Aquí reconozco haberme saltado algo más que las clases de religión.

El tercer año Sam dejó el insti, hacía años se había enamorado de un chico el cual su madre le prohibía ver. Decidió dejarlo todo, incluso la casa de su madre e irse con él. Ese año fue aburrido, no había partidas de billar, ni sesiones de parque ....

Todo cambio cuando conocí a Maite, otra aficionada al juego. Nos caía muy mal el profesor de biología, era un auténtico ogro, y no de fealdad precisamente. Nos escribíamos notas para reírnos de él....En el rato en el que nos dejaban salir, Maite y yo bajábamos a la cafetería. Al principio eran sólo charlas, hasta que un día encontramos en la única mesa vacía un tablero de ajedrez. Ese día descubrí que mi amiguita era un hacha de los juegos , no sólo de tablero sino también de las cartas.

Me enseñó a jugar al ajedrez, yo era tan borrica que a veces ella me dejaba ganar para que no me desanimara. Con el tiempo, no conseguí ganarle pero aprendí a jugar lo suficiente como para ganarle a otros.

Cuando terminamos en le insti, hicimos un curso de informática juntas. Teníamos casi una hora de descanso así que fuimos a por los juegos de cartas. Maite era increíble!!! no se le resistía nada. Nos obsesionamos, pues no llegamos a entablar amistad con casi nadie del curso en los casi cuatro meses de duración. Era casi un ritual sentarse a jugar a las cartas....cada día uno o dos juegos diferentes. Años después, y habiendo perdido el hábito de jugar me permití mantear a un viejete de la asociación de fiestas del pueblo al cinquillo. ¡¡Fue muy emocionante !!

Por desgracia, me he olvidado jugar durante años. Casi no me acuerdo cómo se juega a la mayoría de los juegos de cartas que Maite me enseñó. Estoy totalmente desentrenada con el ajedrez. Y daría lo que fuera por una partida al billar con Sam. Pero la vida es así, toda ella muy silvestre.

Hace dos semanas un mail con un juego al ajedrez me hizo jugar de nuevo. Y recordé a Maite, a Sam....Por suerte con Maite mantengo todavía una amistad lejana y de Sam no sé nada. Ojalá algún día nos reencontremos.